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Tal y como la definen la Organización Mundial de la Salud y la Unión Europea, el agua potable es aquella que una persona puede beber todos los días, durante toda su vida y sin ningún riesgo para su salud.
Sin duda alguna. El agua del grifo es potable, o sea, agua que pueden ingerir las personas sin riesgo para su salud.
Para fijar la calidad que debe tener el agua del grifo, la Unión Europea, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, determina los límites de presencia de determinados componentes presentes en el agua. Muchos de estos no perjudican el cuerpo humano –algunos incluso aportan beneficios– y otros, sólo si están presentes en grandes cantidades.
Para definir los niveles de potabilidad, los investigadores toman como base el consumo diario de una persona a lo largo de su vida -2 litros diarios durante 70 años- con unos márgenes de seguridad muy elevados.
(Marca de Agbar agua) realiza análisis en continuo para detectar la presencia de microorganismos y productos químicos indeseables, y para controlar otras características como el olor, el color o el sabor. Así, se analiza la presencia de más de sesenta parámetros de tipo microbiológico, químico, indicadores del tipo de conductividad y pH, etc., y se controlan otras características, como el olor, el color y el sabor.
Realizamos también, en continuo, análisis del cloro residual del agua de consumo en diferentes puntos de la red de distribución, para garantizar la presencia de una dosis mínima de este componente, como garantía sanitaria adicional.
Al año (o al día), (marca de Agbar agua) realiza más de xxxxx (personalizar con el número) determinaciones del agua suministrada.
El agua de consumo humano tiene en su composición sales y sustancias que le dan un sabor y un olor particulares. Por lo tanto, que el agua tenga un determinado gusto y olor no debe considerarse como indicador de agua no potable. De hecho, la mayoría de los componentes que hacen que el agua tenga un aspecto, sabor u olor desagradables no son dañinos para la salud.
No obstante, en el caso en el que, de repente, su agua salga sucia, con un sabor u olor desagradables, le recomendamos que se ponga en contacto con nuestro servicio de atención al cliente.
El cloro es el desinfectante de agua más utilizado en el mundo, por su efectividad y fiabilidad para eliminar todo tipo de microbios nocivos que puedan contener el agua, las tuberías de suministro o los depósitos de almacenamiento. El cloro que se añade al agua de consumo humano es una dosis mínima de garantía sanitaria –marcada por la legislación– no perjudicial para la salud de las personas. ¿Quieres saber más? (Enlace a «Cloro», dentro de «Calidad».)
El agua dura es aquella que contiene un alto nivel de minerales, en particular sales de calcio y magnesio. Aunque otros minerales, como el estroncio, el hierro y el manganeso, también contribuyen al endurecimiento del agua, lo hacen en menor grado, ya que generalmente están disueltos en el agua en pequeñas cantidades.
Las aguas duras no son perjudiciales para la salud, sino todo lo contrario: aportan un porcentaje significativo de la ingesta diaria recomendada de calcio y magnesio, y pueden prevenir la aparición de distintas patologías. ¿Quieres saber más? (Enlace a «Dureza», dentro de «Calidad».)
El agua del grifo contiene sales minerales y otros nutrientes que le suelen proporcionar un sabor y un olor particular. Que el agua tenga sabor y olor no es un determinante de su seguridad ni de su calidad.
Para mejorar el sabor y el olor del agua, es recomendable depositarla a la salida del grifo en una jarra de vidrio abierta, dejarla reposar durante media hora para que se evapore el cloro e introducirla posteriormente en la nevera. El hecho de enfriar el agua mitiga su gusto y olor a cloro.
Asimismo, si le añades una gota de limón mejora su sabor.
Cualquier agua procedente de la naturaleza puede contener sustancias que generan olor, pero que no suponen ningún riesgo para la salud.